Día 18. Running Moscow

Foto Sandra Maldonado

Todos sabemos que romper el hielo es lo más difícil pero una vez roto lo peor ya ha pasado. Después solo queda dejarse llevar, eso sí, con un poco de voluntad.

Para el que no lo sepa, Moscú es una ciudad bastante cara por eso el día que decidí acercarme al gimnasio, que está al lado de mi casa, pensé que tenía una pinta un poco posh como para ser barato que era lo que yo quería. «Eso y que tenga una cinta para correr», le dije a mi querido y paciente partner que me acompañó como traductor simultáneo.

Pedía poco, pero aquí están dispuestos a darlo todo: había cintas de correr, piscina, monitores estupendos con plannings perfectos, restaurante y todo tipo de clases incluidas, pero no con un buen precio (uno de esos que nos gusta a los españoles tipo bueno, bonito, barato).

Le di muchas vueltas (mi madre lo sabe bien): «Me apunto, no me apunto… ¡Me apunto! ¡No, no me apunto!» Al final, gracias a las «coincidencias» en la Red, y a mi obsesión con no dejar de correr, empecé a dar con un montón de vídeos de maratones en lugares inhóspitos, tales como la zona del lago Baikal, en Siberia, o en el Polo Norte, súper motivadores. Incluso localicé el blog de un hombre muy divertido que vivió en la Antártida y que salía a correr con infinitas capas de ropa que fotografiaba a modo de tutorial.

Pues bien, gracias a estos increíbles corredores y corredoras, buscadores sin límite de experiencias, me convencí de que no necesitaba ningún gimnasio en Moscú, sino unas buenas zapatillas con tacos, para no resbalar sobre la nieve/hielo, y ropa térmica que me protegiera. Y eso hice. Me estudié las características de una equipación que cubriera mis necesidades, salí de compras y ¡ a correr!

No puedo negar que el día D mi nivel de expectación era tal que todas las capas, con sus therma-fit, dry-fit y gore-tex, me parecían pocas a -15 grados, pero al final no fue para tanto. Calentando bien los músculos antes de salir y concentrada en la respiración, la experiencia no pudo ser más gratificante. Total, ¿qué son unos cuántos grados menos? Si ellos pueden, ¡yo también!

Aunque es distinto correr a 0 grados, a -15 o a -30, soy de la opinión de que si la vida te pone delante experiencias interesantes y sobra motivación entonces… ¿Por qué no? ¡En el peor de los casos, regresas a casa a por más capas! O como en mi caso, ¡te pones menos para la próxima vez!

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