Día 8. Sots Art

Foto Sandra Maldonado

Antes de pisar el aeropuerto de Domodedovo por primera vez, de Rusia sabía poco o nada.

Soy una neófita del país en el que vivo del cual solo he devorado obras de Dostoievski en mi adolescencia, masticado con gusto a su coetáneo Tolstói y, por qué no decirlo, disfrutado de algún libro de Vigostky y Pushkin, pasadas ya las treinta primaveras.

Porque aterricé con la inexperiencia de una niña, me he encontrado con una gran sorpresa de este gigante —de gas, petróleo y hielo— que, en el fondo, alberga mucho más: incontables artistas de matices dispares, iconoclastas y llenos de efusividad.

A estas alturas, no hace falta mencionar al legendario Ballet Bolshoi o a las subversivas Pussy Riot. Todo el mundo los conoce. Pero entre esos polos opuestos, hay un sin fin de artistas por descubrir que se abren paso con grandes zancadas y que gritan más allá del extelón de acero. En este momento me pregunto, ¿hasta qué punto ha influido el Sots Art en las mentes de los artistas rusos?

P183, o el ‘Bansky ruso’ como le llaman algunos, es un grafitero enigmático del que apenas se sabe que utiliza la calle como lienzo para plasmar su arte en tamaño XXL. Blue Noses Group, el dúo siberiano más provocador, lleva a sus espaldas un premio Kandinsky y una ‘censura obligada’ de Putin por sacudir los pilares del Kremlin cuando publicaron su irreverente An Epoch of Clemency, en 2004.

Los amantes del arte saben que enumerar obras no sirve de nada, si no estás dispuesto a dejarte llevar por él. ¿Mi mejor opción? Abandonar mis sentidos a esos ‘vientos del este’, descubrir las ideas de su pueblo, sentir las maravillas de este gigante que contiene muchas más riquezas en sus entrañas. Aún me queda mucho, por suerte.

Continuará…

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